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jueves, 8 de diciembre de 2011

YO PARALELO


¿Habrá alguien estudiado  la probabilidad de que un ser humano cualquiera goce de las circunstancias necesarias para desplegar del todo su ser interno? ¿Cuántos talentos semejantes a Velázquez o a Cervantes malvivirán en condiciones penosas, en el tercer o primer mundo, con apenas fuerzas para sacudirse los piojos, rascarse la roña, e ignorantes de sus cualidades? Sin duda que deben ser bastantes y más aún considerando que no es sólo lo material lo que permite que lo mejor de los hombres emerja si no, también, imponderables como la confianza, la estabilidad emocional y un ajuste social necesario para poder desplegar las alas. No sólo se pierden multitud de seres extraordinarios; lo tienen igualmente difícil las personas comunes que no gocen de condiciones adecuadas para descubrir quienes son realmente…

Las cosas se van formando como las olas que se desgajan las unas de las otras. Con catorce años fui con mi padre a una provincia del norte donde nos hospedamos en el mejor hotel de la zona. Disponía de un casino reconocido más allá de la comarca y playas de aguas verdinosas con románticas rompientes. Todas las tardes acudíamos a cenar al bufet donde coincidíamos con otros clientes y en seguida llamó mi atención una muchacha de mi edad, siempre acompañada por sus padres y tan aburrida como lo podía estar yo mismo. Nuestras miradas se cruzaban y cuando una noche nuestras manos se rozaron sobre el tapete de la ruleta, un estremecimiento me recorrió de arriba abajo. A partir entonces dejaron de existir las moquetas lustrosas, las luces hipnóticas y el sonante dinero desperdigándose entre las mesas. Pero ese sentimiento me resultaba tan arrebatador que en todo el verano no fui capaz de abordarla. Me dije que su padre no me dejaría ni acercarme y me puse escusas que no hacían más que ocultar mi cobardía.

Creo que fue a raíz de esta experiencia que comencé a pensar que en algún lugar existía un ser idéntico a mí, un alter ego que tomaba las decisiones correctas y que no había padecido ninguno de los contratiempos que yo padecí. Ya sé que a penas tenía catorce años pero, ¿cómo sería mi vida si hubiese tenido el coraje de conquistarla? Quizás una maravillosa historia de amor me habría cambiado y la bola de nieve de la confianza habría comenzado a rodar años antes de lo que lo hizo. Seguro que habrían pasado de largo muchas dificultades que luego sufrí por no haber tenido el coraje de abordar a aquella mujercita.

Esto es sólo un ejemplo porque, ¿qué habría sido de mí sin los problemas que coartaron mi desarrollo, sin mis traumas ocultos, si hubiese podido desarrollar mi personalidad desde sus inicios con la ayuda de esas circunstancias de las que la vida me privó? Yo, en la mejor de las familias, ahíto de amigos, desarrollando hasta el límite mis potencialidades y no como realmente fue; es decir, henchido de carencias, mal tirando entre tinieblas como buenamente pude. Perdí muchos trenes; a veces por falta de motivación, otras veces por no haber podido ser yo mismo.

Un árbol comienza a torcerse porque brotó entre piedras que alteraron su crecimiento, o por cualquier otro obstáculo de entre todos los posibles, cada vez se alejará más del ideal al cual tendía. Jamás alcanzará la meta de perfección que era su destino. Por eso imagino que otro yo perfecto, tanto como mis genes me hubiesen permitido llegar a ser, coexiste en un universo paralelo, cumple años al alimón pero jamás se fusiona del todo conmigo, porque la mierda no casa bien con la ambrosía.

Se trata de un alter ego que disfrutó de una infancia diáfana junto a unos padres que le colmaron de amor, una juventud dichosa exprimida al límite, una edad de oro vivida en plenitud. Es el adulto que de niño me figuraba que llegaría a ser, y a ese yo mejorado me acojo para que él, más capaz, resuelva mis dudas, me ofrezca sus opiniones o me sirva de modelo. Si bien concedo que no está bien vivir por persona interpuesta, también es cierto que se trata de un falso apoyo. En el fondo sé que este yo paralelo no me fue presentado y que tal vez sea un truco que me sirve de bastón. Mientras descubro si existe o no, lo utilizo de estímulo como hace el asno con la zanahoria.





3 comentarios:

aina dijo...

Qué bueno y esa idea de otros "yo" menos adulterados ha sido brillante.

Fran dijo...

gracias, aina. Hay que animar a este muchacho.

PD: por si no se nota, soy el yo perfecto al que alude el pipiolo.

Luna dijo...

El yo paralelo...se le escapó a Freud. Capaz que es "quien" puede resolver los líos de los otros tres, pero(siempre el pero, parece el súper yo),es paralelo.
`Ta pa`pensarlo...

Al alimón. No conocía este término. Y busqué. Ahíto, hace mucho no lo leía.

Saludote grandote,Fran. Buen sábado, mejor domingo.