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domingo, 23 de octubre de 2011

EN PIJAMA


Bien sabe Dios con qué afán intenté acostumbrarme a merodear con ropa de calle, pero me sentía tan torpe... colgado de las fachadas se me rasgaban las costuras de las camisas, enganchaba las trabillas de los vaqueros en cualquier clavo, reventaba los botones contra la pared. Arto de llevar zapatos en vez de calcetines de dormir, los dejé caer desde el piso más alto, un ático en la decimosexta planta, y desde allí vi como rebotaban junto a un conserje aterrorizado. Cuando trepaba por las tuberías las uñas se me rompían, las falangetas se me doblaban en las ranuras y las falanginas engendraban ampollas nunca vistas en mis manos.

Por fin me di cuenta de que no tenía otro remedio y acabé haciéndome con un pijama idéntico al que había perdido. Pero algún trauma adquirido desde entonces me obligaba a que, tanto en mi casa como en la calle, tuviese que llevarlo siempre puesto. De no seguir el dictado de mi obsesión, me sentía tan ansioso como un adicto; un amasijo de inquietud y de torpezas.

En el colegio tenía que disimularlo debajo de las ropas ya que me jugaba la expulsión y, lo que me parecía aún más grave, las vejaciones de mis compañeros. En mi casa, o en aquellas que tomaba cual pirata al abordaje, lo llevaba siempre a la vista como un uniforme condecorado por mis hazañas de corsario. Cuando bajaba para realizar alguna compra urgente en los comercios me echaba una gabardina por los hombros si era invierno y, si no llovía, ni siquiera cambiaba las pantuflas por los zapatos. Hubo una época en que llegué a bajar vestido con un batín de seda, regalo de cumpleaños de mi abuelo, y con un elegante foulard anudado al cuello jugaba a sorprender mi reflejo en los escaparates mientras me figuraba que era un príncipe medieval revisando sus propiedades en ropa de cama.

Ir siempre en pijama tiene la ventaja de que aireas bien las partes que necesitan una mayor ventilación, dejas pendular lo que otros oprimen y consigues una libertad de movimientos que en modo alguno consienten los pantalones tradicionales. Tal vez haya quienes piensen que vestir así supone una imperdonable falta de higiene pero, a estos, yo les diría que si no me cambiaba más de pijama era porque generalmente usaba ropa interior (tanto calzoncillos como camiseta) que lavaba todos los días.

Cierto rencor debía tener contra mis iguales en edad y circunstancias, pues llevaba el pijama como un desafío cuando pasaba junto a los bares llenos de adolescentes que alborotaban el barrio con sus litronas y sus berridos de madrugada. En esos momentos me inundaba una seguridad tal, que ni siquiera me frenaba la posibilidad de que mis compañeros de estudios pudiesen verme.

Una vez entré en un pub con intención de comprar tabaco - “Fíjate en ese tío, ¿pues no va en pijama?, oí decir entre carcajadas a mis espaldas. Hasta ese momento apenas había sido consciente de mi facha pero, en vez de arredrarme y salir corriendo, avancé envalentonado hacia el meollo de borrachuzos humeantes y allí, entre culitos respingones y chiquilicuatres de instituto, bailé como un poseso durante horas. Tal vez pensaron que se trataba de una nueva moda importada del extranjero, porque noté ciertas miradas picaronas por parte de las chicas y recelosas en los machitos.

Mi abuelo nunca supo de qué guisa salía a la calle y, además, en los últimos tiempos el también bajaba en pantuflas a comprar el periódico. Sin duda que esta propensión familiar no pasaba desapercibida en el barrio; creo que nos llamaban ‘los estrambóticos’ y seguro que más de uno nos consideró mentalmente desahuciados. Pero la aureola de respetabilidad que emanaba mi abuelo me alcanzaba también a mí y nunca percibí ningún gesto despectivo, por ese motivo, contra nosotros. No me daba cuenta de que la vejez iba haciendo estragos en quien era mí principal apoyo.




7 comentarios:

aina dijo...

Curiosa manía la de andar con pijama a todas horas, es un vicio muy común en España y que detesto sobremanera. Un poco guarreras el merodeador, cuando le tenía por un sibarita neurótico de su higiene.

Está bien eso que perfiles el personaje. Muy bien.

Fran dijo...

es que todavía no había añadido el párrafo donde se dice que usa calzoncillos. ¿Te parece ahora un guarrete? ¿Por qué? ¿Por ir bien ventilado? Mira que me mosqueo. Jajaja. Besos.

Luna dijo...

Estrambótico pijama...
Si quisiera salir en pijama, pues sencillamente me encierran!

Saludos grandotes, Fran. Que tengas maravillosos días.
Hoy votamos en Argentina, así que toy feliz.

Fran dijo...

Luna, no hace falta que salgas en pijama. Seguiré las elecciones desde aquí. Abrazo.

Luna dijo...

Lo de salir en "mi" pijama....jajajajja

Creo que votamos lo seguro. No le hacemos màs caso al FMI, que se metan sus recetas ya saben donde!

Fran dijo...

Blogger No me deja hacer comentarios en vuestros blogs. A veces tampoco en este mío. Lo sepais.

Luna dijo...

Blogger es del FMI!!!!