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lunes, 20 de junio de 2011

ESTAMPILLAS DENTADAS



La verdadera pasión de mi abuelo era la filatelia. Muchas veces le vi abstraído ante su colección de sellos, desplegando su personalidad parsimoniosa. Por detrás su despacho repleto de expedientes, manuales jurídicos y querellas de clientes, desapercibido durante el día, estaba el santuario donde ejercía su vocación con el celo con que el sacerdote oficia la misa. Como si de la divina forma se tratase, los levantaba con mimo con unas pinzas, examinaba los dientes de sus últimas adquisiciones y, como quiera que muchos fueran usados, debía recomponer las melladuras con la paciencia y precisión de un cirujano maxilofacial. En ese santuario separado del resto de la casa por una puerta de roble no entraba la luz del sol, aunque sí otra luz que era el amor y sabiduría con que desempeñaba su oficio secreto ¡Tantas veces le vi rodeado de lupas de anchos cristales, entre lentes de joyero que sujetaba con la cuenca del ojo mientras examinaba cada detalle de sus preciosas estampillas! Finalmente, impregnaba los sellos en una solución de goma arábiga para vivificar su pegado antes de guardarlos en álbumes. La extrema atención que les dedicaba resultaba aún más enternecedora sabiendo que, muy probablemente, una vez guardados jamás saldrían de sus estuches. A sus espaldas, las estanterías recargadas de libros en piel ardían en el relente dorado que desprendía su mesa. En un extremo del despacho, una lámpara de pie expandía una luz tenue y, sobre él, un flexo de pantalla verde bañaba sus manos sarmentosas. Pero nada era comparable a la luminosidad dorada que desprendía cuando trabajaba. Si algún deseo pudiera pedir al destino, éste sería el de amar tanto mis quehaceres que yo también llegase a irradiar esa luz tan peculiar.

4 comentarios:

Conde de Galzerán dijo...

Magnífica descripción del estudio de un filatélico, en un instante preciso. Todas las filias conllevan pasión.

aina dijo...

La irradías en este post. Magnífica manera de relatar. He podido hasta oler los libros y percibir la calor cálida de la luz de la lámpara.

Luna dijo...

Otra vez me dan ganas de matarte, esta vez a fuego lento con las lupass del relato. Pero bueh, te salvás porque no sé nadar...

Saludotes muchos, Fran. Bonita semana para vos.

Susan Urich dijo...

Me puede la precisión de tus descripciones, Fran. Es probable que tú desprendas eso cuando lees, o cuando escribes.