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lunes, 25 de abril de 2011

Del por qué pierdo de vez en cuando un ojo

Por aquel entonces escribí un relato sobre un hombre que, una mañana al afeitarse, pierde uno de sus ojos por el desagüe del lavabo. Consigue recuperarlo, se lo coloca y comprueba que puede ver por él. Las siguientes páginas las pasa corriendo detrás del glóbulo que rebota por el embaldosado de unas oficinas o sacándolo en el último momento de una olla de sopa. La historia se complica cuando por fin cae hacia el interior de su cuerpo puesto que le supondrá la desdicha de tener que recuperarlo de entre las heces de una bacinilla.
Aunque cuando lo escribí no era consciente, más adelante me percaté de las conexiones que conformaron el argumento. Y es que mis malestares me empujaron toda la vida a mantener uno de mis ojos vigilante de mi mundo interno, mientras que el otro enfocaba sin entusiasmo la realidad. Al igual que el protagonista perdía de vez en cuando un ojo, el escrutinio al que me sometía me hacía perder el buen juicio frente a la vida y a sus avatares  prácticos.

12 comentarios:

Susan Urich dijo...

La primera frase de este texto es, sencillamente, genial. El resto del texto se condice con la primera frase, haces sonar algo tan terrible como perder un ojo en semejante circunstancia como algo muy probable, casi natural, cotidiano, me recuerda a Kafka esa frase. Me gusta leerte porque hay cohesión, coherencia interna, además haces un manejo del espacio muy bueno a la hora de escribir, relaciones la realidad objetiva con la subjetiva de una manera que casi parece fácil, pero no, darle a un ojo que huye la facultad de la conciencia que evalúa el mundo interior, pues, no es cosa pequeña. Confieso que si yo hubiera querido escribir algo así, no me sale, es que no me sale. Me dejas publicar este texto en el pezdeplata?

Fran dijo...

Me haría muchísima ilusión que lo publicaras, Susan.

El relato 'El ojo' del que hablo, existe, realmente lo escribí ¿lo leíste en mileteraturas?

Por lo demás, me resultan muy instructivas tus opiniones.

Un abrazo.

aina dijo...

Después del comentario de Susan cualquier cosa que diga parecerá de menos relevancia...
No te conocía y me ha gustado mucho tu estilo, muy kafkiano este relato, cierto.
Te sigo, para no perderte de vista.

Fran dijo...

Qué bien, Aina tenerte por aquí. El sitio donde vives es maravilloso. Besos.

Luna dijo...

Hola Fran. Creo que si no nos miramos aunque sea con un ojo por dentro, la realidad nos superará. La cuestión es qué hacemos si perdemos definitivamente, ese ojo.

Saludos Fran, muchos.

Fran dijo...

así es, luna. La cosa debe estar en encontrar un equilibrio entre lo de dentro y lo de fuera.

Lucía Robles dijo...

Hola,

Yo sí había leído el relato y lo recuerdo. Ese es el problema de tener memoria. Vas dejando el ojo por todos lados como los cíclopes.

"Lo esencial es invisible para los ojos".

Ya estás fichado por el Aleph, por una cíclope que nunca te perdió de vista.

Un beso.

Fran dijo...

Muy buenas, Lu!!! Me alegro de verte por aquí (que no deberte jajaja)

Yo tengo memoria de pez, la verdad... Por eso a las amantes les digo 'cariño', no vaya a meter la pata ¡que listoooooo!

Muak.

Conde de Galzerán dijo...

Recuerdo haber leído ese relato hace ya tiempo, que publicaste en otro lugar. Lo que no me acuerdo es lo que comenté entonces exactamente, pero tengo una buena evocación de él.
El refranero ya de antiguo nos avisa: hay que tener siempre ojo avizor. Esto me parece relativamente fácil; lo difícil es saber o aprender, a mirar. Juzgo que para un escritor (y en general en cualquier arte) es muy necesario y puede que sea un don para quien sabe.

Hay tantas cosas que miramos y no vemos.

Saludos, Fran.

Luna dijo...

Querido Fran: (What? dice mi Yo)Viste que cuando uno quiere olvidar , más recuerda??? Será ese el pasado que nos lleva al infinito y más allá?
Acto seguido mi Ello te da un abrazote, y mi Súper Yo por supuesto, escandalizado...

Fran dijo...

Conde, es cierto que durante un tiempo usaste un ojo de Magritte para identificarte. Es evidente además que ese atributo (nada más y nada menos que el de VER), lo posees en un grado tan elevado como las montañas de que hablas en tu último post.

María dijo...

Bonito rincón.

Saludos.