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sábado, 23 de abril de 2011



Muchos años después un fogonazo imprevisto me sienta en el patio del colegio. Tengo otra vez un tamaño que me funde con la tierra. Las nubes son atravesadas por el sol mientras unas voces blancas cantan cerca. Estoy en el recreo de después de comer, algo más de una hora de una eternidad dichosa. Aquí suceden las mismas cosas sencillas que acontecen en el paraíso: envuelto en el barro de una charca soy una raíz que rompe un terrón de tierra. Un caracol se esconde en su caparazón hasta que una canción le saca los cuernecillos. Una oruga repta por una hoja gracias a la baba pegajosa… Unas abejas marchan zumbonas hacia una flor. Las nubes de plata se expanden para que yo pueda hendirlas con el cuerpo. Llueve, o quizás fui arrebatado a las praderas celestiales.



5 comentarios:

Susan Urich dijo...

Aquí rescato lo sencillo, cómo logras, con cosas sencillas, darle un vapor de misticismo a lo que escribes, es como viajar inmóvil. Te abrazo.

Fran dijo...

en lo sencillo está el vértigo de lo profundo. Te beso.

Luna dijo...

Sabes que te leo a fondo, porque adoro leerte. Y de alma.
"...me sienta..." o "me siento"?

Luna dijo...

Si, llueve. Y el protagonista fue atrapado por el niño en ese patio...
He recordado cuando me preguntaba cómo hacía la oruga para "caminar" patas arriba.

Hoy tas re dulce,un niño.

Saludos muchos y que oases bonitos días.

Estuve riendo en el Metaforario... Salto del tigre !!!! Jajajajaajaja. Hasta tengo una duda "existencial" con esa frase, jajajaja Sos terrible!

Fran dijo...

Hola, Luna, muchas gracias por tus comentarios. Sería 'me sienta', de sentarse en la tierra, porque mental -pero verazmente- se ve trasladado a esa edad.

Creo que conservar a ese niño interno que un día fuimos es lo mejor que podemos hacer. Abrazo.