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jueves, 25 de noviembre de 2010

PASTORIL PASEO

Junto a un solar, un mastín perlado de sudor salta sobre mí. Queda colgado con sus fauces abriéndose y cerrándose con un chasquido de tijeras frente a mi rostro cuando el latigazo de una cadena lo para en seco. Aunque ha sido un instante, el aliento infernal y la llama roja en sus ojos me acompañan un buen trecho. Tengo frío y los zapatos embarrados. Para darme ánimos, recito el poema más cursi que conozco:
'Tiene aire de querube,
un sonar muy celestial,
suavemente aletea
transparencias de cristal',
 Me interrumpo para sorber el lagrimón salado que el terror me arranca. ¿Acaso no tengo un pene 1,2 cm más largo que la media? Por un momento hincho el pecho pero decaigo cuando recuerdo que la revista donde lo leí, precisaba que esta es la media japonesa. La calle está rota, llena de charcos. A ambos lados la luna recorta en negro las mansiones. Son como esos cadáveres a los que la corrupción hace desandar todas las edades hasta dejar el rostro ingenuo del niño inicial, aunque sospecho que estos edificios ostentan un aspecto que nunca fue. Descubro una sustancia viscosa en mi chaqueta ¿Cómo es que tengo semen en la ropa? Retiro la mano asqueado cuando me doy cuenta de que es la baba rabiosa del perro. El camino se eriza lleno de cuestas. Trastabillo entre zanjas cuando, a través de unos cristales ponzoñosos, percibo una luz. Es una taberna donde negras cucarachas humeantes beben y blasfeman entre sí. Gentes de mal vivir que me clavan sus miradas cuando entro. “Si alguien muriese esta noche, la tierra engulliría su cuerpo en un instante”, pienso. Quiero huir, pero el alcohol ya me ha convertido en una caricatura desarbolada a merced del azar.  

5 comentarios:

Lucía R. dijo...

Vaya, acabas de acercarte al sueño que tuve hace unos días; iba paseando por el campo cuando de repente un tío muerto de miedo echa a correr y a lo lejos me grita que corra. Venían dos perros rabiosos dispuestos a mordernos. Me desperté del sobresalto con el corazón acelerado.
Sabes, tus ojos me dan más miedo que los dientes afilados de los perros.

Un beso enrabietado.

Fran dijo...

Con la foto de un ojo ocurre como con la palabra que lo designa, ya que no es un miembro individualizado lo que nos muestra, si no una representación abstracta de una idea general (recuerda el mundo ideal de Platón). Esos ojos no pueden darte miedo puesto que son una representación. Es más, diría que son una versión cualquiera de las múltiples representaciones posibles. Algunas versiones (fotos), pueden acercarse al original. Otras, en cambio, son tan disímiles de la verdad que se acercan más a los de otro que a los míos propios. No tengas, por tanto, miedo de lo que no tienes el gozo de conocer y alborózate de tener, al menos, una levísima aproximación a mis gloriosas esferas oculares.

Beso legañoso.

Lucía R. dijo...

Jajaja y encima te tendré que dar las gracias, oh cíclope dual por esa visión esférica. Sólo se tiene miedo a lo que no se conoce...

Lucía dijo...

qué escalofrío...el perro, el frío, la taberna oscura...

Fran dijo...

Un saludo, Lucía.