Seguidores

miércoles, 27 de octubre de 2010

ÚNICO SER

Vi a Teresa y frente a nosotros había una extensa playa en la noche.

- ¡Teresa, Teresa! - Teresa no era capaz de cerrar la boca.

- ¡Mira hacia arriba! – le dije señalando por encima de nuestras cabezas.

El tremendo estallido había borrado las estrellas del cielo y ya no era de noche como antes de que se rasgase la bóveda celeste. Una blanca luminosidad lo invadía todo, aunque el sol no estaba en su lugar. Bajaba un ejército de querubines armados con arcos y flechas.

- ¡Ya verás cuándo se lo contemos a alguien! – dije. Y nos miramos pensando que jamás lo haríamos.

Era una legión de angelotes regordetes con mofletes sonrosados y alas blancas en la espalda. Volaban alegres y pasaron veloces entre empujones dejando un eco de risas infantiles y cierto zumbido revoltoso en el ambiente.

Miramos otra vez a nuestro alrededor mientras el aire chispeaba con colores que poco a poco se iban apagando. Entonces sobrevino un silencio majestuoso; un vacío acústico tal, que hacía pensar que algo inmenso estaba a punto de ocurrir. Sentí un aleteo de horizonte frente al mar abriéndose y cerrándose gracias a alguna fuerza ultraterrena. Mis ojos se cegaron por un velo de una blancura tan inaudita que parecía querer arrancarnos el alma para arrojarla en las crestas de espuma del mar que dicen que hay más allá de la muerte. Mi amiga tenía en su rostro la misma expresión sobrecogida que debía proyectar yo. Se fue levantando un viento rítmico sin aire como el aleteo de alguna gigantesca criatura sobrenatural. Pensé entonces que sería algún serafín, que son seres muy espiritualizados casi siempre invisibles para el ojo humano.

Creí que había muerto porque perdí por completo cualquier sensación corporal. Debió ser por eso que no me atreví a abrir los ojos. Cuando por fin me decidí tuve la sensación de verlo todo a la vez. No con el sentido de la vista como la concebimos generalmente; era como si mi yo hubiese sido esparcido entre cada molécula de cada objeto de la tierra y aún de más allá. Así me viví en un segundo interminable como se viven las piedras; como una gota de agua; cualquier insecto (cada uno de ellos simultáneamente); una hoja de un árbol cualquiera; un árbol muy especial en el monte de los olivos en Judea hace más de dos mil años; un búho anidado en ese olivo sobre cuyo tronco apoyaba la mano el hombre que había vencido a la muerte; una sucesión interminable de sangre derramada en campos de batalla de hombres que mataban miserablemente y que también morían a manos de otros hombres. Y todos ellos eran el mismo que se dañaba creyendo que se trataba de otro. Era el Ser único dividido por la falacia del tiempo y por la falsa apariencia de la materia; el único que existe realmente, ahora que sé de los siglos y su recorrido por carnes diversas.

Pero me añoré de nuevo y todas mis moléculas se juntaron otra vez. Miré a Teresa recordando remotamente que todos somos atraídos por este absurdo deseo pudiendo ser todas las cosas. Por ese he escrito esto. Para que cuando vuelva a ser esparcido en todo, no quiera volver en mí.

9 comentarios:

Susan Urich Manrique dijo...

Está muy, muy bueno, pero los últimos dos párrafos son geniales. Yo, personalmente, tengo obsesión por esos temas del Ser, de la sensación de hacerse un uno con todo lo que existe (y lo que está por existir), es como si ese segundo eterno que mencionas bastara para explicar la vida, no hace falta nada, la existencia se justifica por sí misma. Abrazo.

Fran dijo...

También yo he pensado mucho sobre estas cosas... Es suficiente milagro el que tú y yo -sobre todo yo jeje- existamos de entre la infinitud de posibilidades que había que, en sí mismo, ya es un prodigio (este pensamiento me hace sentir exultante).
Abrazo -así, en singular y mirando de reojo, por si tu novio se mosquea.

Lucía dijo...

Maravilloso...Me recuerda a las representaciones del Renacimiento y del Barroco...
El haber escogido el nombre de Teresa seguramente no es casualidad...¿O SÍ? un abrazo, Fran

Fran dijo...

Hola!! El nombre Teresa lo encuentro carnal -concretamente me sugiere una manzana donde hincar el diente-así como Lucía lo encuentro espiritual. Quizás para crear un contraste con el contenido le puse ese nombre. Besos.

Lucía dijo...

El éxtasis de Santa Teresa de Bernini, eso dice la leyenda, está inspirado en el éxtasis sexual de una mujer, así que se puede decir que ambos recurristeis a la contraposición de dos aspectos para crear una bella escena...

Lucía R. dijo...

Cada ser humano es parte de un todo, de lo que llamamos "el Universo", somos una parte limitada en el tiempo y el espacio, que se ve a sí mismo o a sí misma, ve sus pensamientos y sus sentimientos como algo separado del resto, lo cual se debe a una ilusión óptica de su conciencia. Esta ilusión se convierte para nosotros en una especie de cárcel, limitándonos a nuestros deseos personales y a nuestros afectos por unas pocas personas que tenenmos cerca de nosotros. Nuestra tarea ha de ser liberarnos de esta cárcel, ampliando el círculo de nuestra compasión, abarcando todas las criaturas vivas y toda la Naturaleza en toda su belleza. Nadie puede conseguirlo completamente, pero el esfuerzo y el empeño que pongamos en conseguirlo son en sí mismos parte de nuestra liberación.
Nuestras mentes son tan limitadas que no pueden comprender la fuerza misteriosa que mueve las constelaciones.
No sé por qué mandas callar a Teresa, el silencio de los espacios infinitos atormentaba incluso a Pascal.
Apenas gozamos de nuestras vidas cuando nos hundimos en los agujeros negros de la muerte (uy, he dicho "muerte").
Bajo la gran, infinita esfera del mundo exterior, está la esfera de lo exclusivamente humano, la casi infinita esfera, mucho más reducida, pero más densa, de nuestro pequeño pero infinitamente precioso mundo. Antropología, psicología, arte, literatura, música...Lo que encuentran los buscadores en estos campos brilla algún tiempo, nos ilumina como ese nombre tan espiritual (Lucía), pero Don Quijote y Madame Bovary siguen vivos en nuestras mentes tanto como la teoría de Newton o de Einstein, aunque yo prefiera a Epicuro y a Lucrecio. Hablando de sexo y de follar (qué cansina es esta tía...) Madame Bovary fue una mujer transgresora para su época,hoy lo transgresor es ser fiel.
Ahora sólo nos queda otro tema: la "sangre". Pero no voy a hablar de ella, te dejé unas fotos de la mía propia en mi blog. Metáfora de la vida, alquimia del dolor trasmutado en arte plástica.
Como ves todos los temas se repiten hasta la saciedad, desde lo carnal hasta lo espiritual.

Fran dijo...

Joer, aquí has dado el Do de pecho como Lucía. Los primeros párrafos son espirituales hasta el estremecimiento... Es curioso que otras personas piensen -o deseen- esa fusión con lo universal. Creo que ese anhelo es el motor que mueve las mentes racionales y los corazones místicos pues, en su afan de conocimiento o de abrazo con lo infinito, vamos arrancando trozos a la ingnorancia pese a estar inmersos, cada uno de nosotros, en la soledad del cosmos.

Quienes sean carnales como Teresa, pensarán que ese anhelo es un loca fantasía irrealizable, desagrable en su experiencia pero productiva por lo que conlleva de estímulo para las mentes.

Las espirituales Lucías, sentirán que esa unión es posible aunque racionalmente inaudita pues sabrán que la Sabiduría, así con mayúsculas, es estulticia a los ojos de los inteligentes.

A mí no me interesa demasiado ser transgresor pues los raros nos hemos pasado la vida intentando parecer normales. De ahí mi idea de que basta con ser uno mismo para mostrarse único. Más difícil es traspasar el papel con esa identidad pero en ello estamos, estrellándonos a cada poco como asteroides errantes.

Susan Urich Manrique dijo...

"A mí no me interesa demasiado ser transgresor pues los raros nos hemos pasado la vida intentando parecer normales. De ahí mi idea de que basta con ser uno mismo para mostrarse único. Más difícil es traspasar el papel con esa identidad pero en ello estamos, estrellándonos a cada poco como asteroides errantes."

O-l-e!!!

Susan Urich Manrique dijo...

Lo que sucede, mi querido Fran, es que nos hemos encontrado unos cuantos en este planeta, Leo es uno de ellos, yo... y tú!!! Abrazo.