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sábado, 16 de enero de 2010

Dédalo se alejó, en silencio, como había llegado.

10 comentarios:

lucia dijo...

Lo has unificado, esta muy bien, yo no se como se escribe, ni de reglas, ya lo sabes, pero a mi este estilo literario me apasiona, me engancha y tu lo haces muy bien.
Me ha gustado el cambio, aunque el blanco de tu blog estaba espectacular. Saludos Fran.

Fran dijo...

Escribir es sano y bueno. No hace falta ser un fenómeno para ello. Cuando tengo algún problema lo pongo por escrito y me aclara. Te lo recomiendo.

Tengo intención de continuar el relato. No está terminado, eso seguro. Pero yo necesito concentrarme y que me apetezca.

Saludos, Lucía.

Paula dijo...

Bueno, me ha sorprendido el final, no me lo esperaba.
Ya veo por los comentarios que has unificado las dos entradas. Llegué tarde para leer la segunda antes de que las fusionaras, pero este texto me ha gustado. Está muy bien narrado. Como te dije en el anterior, creo que está mejor escrito que otros más antiguos que te he leído.
Un besito.

lucia dijo...

Hola, este relato esta cogiendo su forma. Dedalo es diferente, por eso el repudio de los compañeros, todo lo que no es "normal" nos asusta, todo lo que no conocemos, lo apartamos, es una lastima, podriamos ampliar nuestro mundo a infinitas posibilidades de ser y de sentir.
Me alegro mucho que te apetezca escribir, un abrazo Fran.

lucia dijo...

Lo que me gusta a mi, no tiene que gustarle a otra persona, esta claro, y viceversa. Para degustar un plato sabroso y deleitarte con el, no hace falta ser un chef de primera. En la lectura pasa lo mismo, la sensibilidad y el buen gusto basta para reconocer un escrito bueno, y que encima tenga musicalidad, armonia, misterio, esos ingredientes hacen que absorva al lector, que viva lo que lee y le de vida, recreandolo en su mente.
Las criticas siempre son buenas cuando estas son constructivas, sirven para mejorar, pero en las del señor anónimo, aflora un resentimiento, una rabia oculta, que enseña el lado mas oscuro del corazón.
Espero seguir leyendo tus relatos, para mi son magia, poesia, a veces dolor. Mas alla de los temas literarios, me mueve el sentir, las emociones, y tu lectura a mi me emociona.
Un gran abrazo Fran.

Alejandro Cabrol dijo...

Ícaro y Dédalo (paráfrasis para Fran)


Su hijo ha muerto y él, en la árida cima, abandonada hasta por el infierno, da vueltas en forma de ocho intentando acostumbrarse a sus recién estrenados daltonismo y sordera. Castigos de dioses mal perdedores.

De lejos cajones múltiples con leves diferencias, incluso las formas parecen un prisma de ojos, un caleidoscopio burdo, otra broma absurda abandonada a la erosión del desierto.

Ahí abajo, esa tarde.

Imagina azules aquí y allá, pero los años aciagos de aislamiento en el único laberinto que conoció, lo alejaron lo suficiente de la civilización como para poder reconstruir esos idiomas internos.

Entonces vueltas en ocho en la cima cuando agoniza la tarde. No, no la tarde: una tarde más que se sienta al lado de todas las otras, insulsas, tardes nada al lado de la única, aquella.

Le queda el tacto, pero Dédalo sin yemas de tanta piedra interna por siglos laberínticos.

Entonces el olfato.

Olfato y memoria de mamut. Después de bastante tiempo, cuando ya la erosión había desvencijado el prístino encanto laberíntico multiplicado, se los memoriza desmenuzados, los desnuda para siempre. Los distingue con tantos detalles, que...

Entonces el olfato, Dédalo piedras y quistes internos laberínticos... y la imagen de Ícaro espantapájaros contra una hediondez naranja que se lo lleva para siempre y lo incrusta, lo tatúa en la memoria de una manera que intensifica la memoria de cada mínimo detalle de los laberintos: el azul musical, el blanco enorme, fémino, y el negro sopapa.

Ahí abajo, esa tarde, asqueado del arquitectónico olfato de cada uno, mejor que si hubiera sido su ingeniero, para colmo con los ojos drogados con su hijo marioneta, se aleja lentamente para siempre sin mirar atrás... y las piedras intuyen cada lágrima.

Fran dijo...

Gracias por esta paráfrasis tan singular, Alejandro.

Alejandro Cabrol dijo...

De nada Fran! "singular" es una palabra delicada jajajaaa suerte!

Anónimo dijo...

Creo entrever en el mito de Dédalo e Ícaro un culto iniciático y subterráneo a lo efímero. Dédalo fue el arquitecto que construyó el laberinto de Creta por orden de Minos. Enemistado más tarde con éste, fue encerrado en el Laberinto-Laberinto que posteriormente habitó el Minotauro-en unión de su hijo Ícaro. La esposa de Minos, Pasifae, les ayudó a salir, pero para escapar de la isla, Dédalo tuvo que fabricar dos pares de alas que pegó, con cera, uno a la espalda de su hijo y otro en la suya propia. Los dos huyeron volando pero sólo Dédalo se salvó pues Ícaro, con juvenil imprudencia, voló tan alto que el calor del sol derritió la cera, se desprendieron las alas y se precipitó al mar. Ícaro murió, pereció. ¿Por qué murió Ícaro? ¿Por qué su muerte efímera? El amor y lo absoluto procuran la perdición a Ícaro.

(Tienes acento valenciano, aunque sólo se note un poquito. Me he percatado de que me has exiliado,jaja, pero no me importa.El texto de la Duras es una metáfora...en realidad no habla de la muerte. Un beso.)
Lucía R.

Fran dijo...

HOla Lucía R.

En realidad puse el nombre Dédalo al azar (si es que el azar existe), y porque también tiene alas. El relato todavía estoy haciéndolo y no sé como terminará ni, por lo tanto, conozco su significado del todo. Pero creo que va de falsas percepciones y de equívocas apariencias. Va también de demonios internos y de sus exhorcizaciones.

Para mí el relato que me dejaste va de que la gente incapaz de amar está, en realidad, muerta en vida o, lo que es lo mismo, viva sólo en apariencia. Me dió mal rollo el fondo pero me gustó mucho la forma.

Es verdad que te desterré, pero sólo un poquito y por poco rato.
¡Lo que no me parece bien es que no te molestases! jeje.

Besos.